
Curiosamente, cuando las nieves invernales pueblan las cimas más altas de Mallorca, los llanos también se tornan blancos. Es entre enero y febrero, e incluso antes o más tarde, cuando la nieve tiene cita en nuestras cumbres más altas. Es agradable y emocionante ver como el Puig Major, Galatzó y Massanella se rodean del gélido manto invernal. Blanco y radiante también, en los días de sol, se muestra el llano porque los almendros se encuentran en plena explosión de vida.
Un elevado tanto por ciento de los árboles de la zona llana de Mallorca son almendros. Estos árboles son de hoja caduca y ofrecen su fruto en entrado verano. El proceso de floración de estos seres vivos tiene lugar precisamente en invierno, cuando las temperaturas son más frías en la mayor de las Baleares. De blanco nuclear con vetas azuladas, moradas y rosáceas, cada una de los millones de flores recuerda en invierno lo que será en verano, una perfecta, sabrosa y delicada almendra mallorquina.
Es un acontecimiento natural de la Mallorca de inverno, que resulta ser una gran desconocida, descubrir y admirar en nuestras zonas rurales, carreteras y dehesas cómo los almendros cándidos y puros compiten en belleza con las cumbres de nuestras sierras. Paseando por Mallorca en un día despejado de invierno, de cielo nítido y azul y de vahos enclaustrados en nuestros pulmones, vemos el blanco de los almendros superponerse a la nieve de las montañas, en un abrazo digno de los mayores espectáculos.
